15. Carolina Vellarino (Barcelona). 11.146 Kilómetros recorridos.

Hoy os cuento cómo fueron esos siete días con ella.

La carga del carrete

Demasiado pronto llegaron los primeros problemas. Por todos es sabido que un poco patosa sí que soy, pero me creo capaz de leer unas instrucciones y seguirlas. Pues oye, no había manera: que si embraga, que si desembraga, que si el arrastre debe quedar bloqueado, que si aprieta, que si suelta. ¡Nunca cargar un carrete fue tan difícil! Unos cuantos whatsapp con vídeos explicativos después (¡gracias Sergio!) y algo de cabezonería por parte de la profesora de foto más guay de todos los tiempos (¡gracias Luisa!), conseguimos – al fin- cargar el carrete.

Como ya os comenté en la primera entrada, me decanté por un carrete caducado, concretamente el Fujifilm Superia Xtra 400, que había vencido hacía unos tres años.

La puesta en marcha

Aunque no conseguí poner el contador de fotos a 0, me di por vencida y comencé a hacer fotos ya que entre todo, habían pasado ya tres días.

Vale, esto va en serio: miedito. Aunque con mi Nikon FM2 estoy acostumbrada al enfoque partido, con nuestra Flying Zorki me costó mucho acostumbrarme al sistema. Para mi gusto, el visor era extremadamente pequeño y era difícil percibir cuándo una imagen estaba montada sobre la otra. Si a esto le sumamos el paralaje, me vi completamente perdida.

Con todo lo anterior, ya podemos ir sumando para llegar al resultado final: desgaste a la hora de cargar el carrete + dificultad con el visor + imposibilidad de calcular el encuadre al 100% (soy muy cuadrada, qué le vamos a hacer…)… Y ahora, seguimos sumando:

Al ser una cámara totalmente manual, tampoco tenía exposímetro, por lo que, ante el miedo de no dominar la técnica de medición Sunny 16 (y a decir verdad, tampoco la acababa de entender), me descargué un app para que me ayudara en la medición. Aunque era consciente que el móvil no tiene célula fotosensible y que la medición la hace a través de la propia cámara del móvil, no vi otra solución.

Aquí el error fue  juntar dos cámaras cargadas con carretes de sensibilidades diferentes. Entre que tenía una idea muy clara para el carrete de sensibilidad alta (asa 3200) y que con la Flying Zorki (asa 400) me estaba desenamorando a momentos, finalmente acabé midiendo con las dos cámaras con 3200. El resultado fue que la mitad de las fotos de la Flying Zorki salieron sobreexpuestas debido al error de medición.

El desenlace

A pesar de que no fue una cámara con la que trabajé a gusto, saqué muy buenas conclusiones:

  • Lo mío son las fotos de detalle. Me vi muy limitada al ver que el enfoque mínimo era de un metro.
  • Me falta técnica (una cura de humildad). Mi próxima meta es saber medir la luz sin la ayuda del exposímetro.
  • Con más tiempo y paciencia, es una cámara con la que se puede disfrutar de la fotografía analógica al 100%.

 

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